Alicia Huanío Cabudivo (1932-2023)
| Alicia Huanío Cabudivo en casa, SJQ 2011 (foto cortesía de Clare Sandy) |
Alicia Huanío Cabudivo, hablante de la lengua omagua, falleció en Lima el 31 de diciembre de 2023, a la edad de 91 años. Alicia nació el 24 de setiembre de 1932 en San Joaquín de Omaguas (SJQ) -- una comunidad del margen izquierdo del río Amazonas entre Nauta e Iquitos -- hija de Clemente Huanío Upari y Emilia Cabudivo Tuisima. Clemente nació hacia 1910 en el río Purús muy al sur, hijo de Leoncio Huaní Cahuasa (n. 1869, omagua) y Marcela Upari (kukama). Emilia nació hacia 1908 en San Joaquín de Omaguas, hija de Alberto Cabudivo Atravera (n. 1888) y Elvira Tuisima Huaní. Puede leer más sobre los abuelos paternos y maternos de Alicia en un post que escribí en 2015 (en inglés). Sus familias sintetizan mucho las vidas de personas indígenas en la Amazonía a finales del siglo diecinueve y a principios del siglo veinte.
| Trabajando con Alicia y Lino, SJQ 2011 (foto cortesía de Clare Sandy) |
Con los fallecimientos de Arnaldo Huanaquiri (2016), Lino Huanío (2017) y Amelia Huanaquiri (2020) -- además de los fallecimientos de la tía y del tío de Alicia y Lino, Lazarina y Manuel Cabudivo -- el fallecimiento de Alicia concluye un periodo de colaboración para la documentación de la lengua omagua que comenzó 20 años antes, en 2003, en el que todos estos sabios participaron junto con un equipo de lingüistas de Estados Unidos. El pueblo omagua sigue fuerte (véase otro post, en español), trabajando más recientemente con el Ministerio de Educación para la oficialización de un alfabeto entre otros proyectos. La misma comunidad de San Joaquín está dedicada a la revalorización y revitalización de su lengua, así como fue mostrado en un evento al que tuve el honor de ser invitado a finales de agosto de este año.
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| Alicia con su madre, Emilia, SJQ (foto cortesía de Liz López Inuma) |
Alicia fue la mayor de nueve hijos. En 1950, se casó con Manuel Chon Inuma (1927-1961), con quien tuvo siete hijos; con Rafael Huanaquiri Ipushima (1926-2010), tuvo seis hijos más. Vivió en diferentes momentos en Lima, pero su casa siempre estuvo en San Joaquín. En 2010, junto con su hermano Lino, Alicia empezó a colaborar con un grupo de lingüistas de la Universidad de California, Berkeley (Zachary O'Hagan, Clare Sandy, Tammy Stark y Vivian Wauters) para documentar una lengua, omagua, que ella siempre consideró la lengua de sus abuelos. ("¿Cómo lo decía la abuelita?") Estos materiales están preservados en el California Language Archive de la misma universidad. Cuando era niña, Alicia tartamudeaba, hasta que el padre Lucas Espinosa le dijo a su abuelo Alberto que le diera la pluma de un pájaro poniendola en su lengua. Así empezó a hablar. A ella le gustaba decir que después nunca dejó de hablar -- rapidito hablaba.
La conversación entre Alicia y su hermano Lino nunca paró. Siempre trabajamos con los dos juntos. Alicia traía una risa inolvidable a nuestras conversaciones, su amabilidad y generosidad, sus sentidos de humor y moda, y profundos conocimientos de plantas y la historia del pueblo omagua. Le gustaba contarnos lo que se le ocurría, lo que consideraba importante. Fue un estilo cautivador, imprescindible para verdaderamente aprender. Muchas veces Alicia contaba mientras Lino también contaba. Uno tenía que seguir dos cuentos simultáneamente (véase la siguiente grabación). A Lino le gustaba cierto orden, para respetar mis preguntas ingenuas; Alicia nos desafiaba a hacer otras preguntas. Pero le costaba a Alicia hablar en omagua; fue la lengua en que sus abuelos les hablaban, no la lengua en que ellos les respondían. A Lino también le costaba hablar, pero a su hermana le animaba a hablar más. Fue una dinámica sumamente equilibrada y llena de un amor familiar que continúa inspirándome. (De las dos grabaciones que siguen saqué el audio del micrófono de Lino, para escuchar mejor a Alicia.)
Alicia nunca pensó que iba a participar en la documentación de la lengua omagua o la historia de su pueblo. Los proyectos de este tipo estaban dominados por otros -- una historia común, una que nos enseña a buscar más, escuchar más, conocer más a nuestros alrededores. Lo que Alicia deja ya es indispensable en el presente; será aún más indispensable en el futuro. ¡Ahora a difundirlo! (La grabación que sigue es otra versión más clara del cuento anterior.)
Al final de su vida, Alicia llegó a vivir nuevamente en Lima. Se enfermó después de una caída y nunca se recuperó de su estadía en el hospital. Felizmente yo pude verla una vez más, en Lima, en setiembre, gracias a la amabilidad de su hija Luzmila, su nieta Liz y otros familiares. Comimos juntos y compartimos muchas historias. Alicia ya no podía hablar. Me dijeron que solamente a veces se abría los ojos. Insistieron que podía oírme porque lloraba. Fue triste, pero me alegré pudiendo traerles muchos recuerdos -- grabaciones, fotografías, genealogías -- conocimientos de los que yo no debería ser el guardián. Su familia la velará hasta el martes, cuando vuelva finalmente a casa.
Tina në yapɨtuka ëraya, Alicia.
| Alicia y yo en su nueva casa, SJQ 2017 |

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