¿Una palabra kukama para el río Ucayali?
Los registros más importantes para la historia indígena de la Amazonía peruana de los siglos XVII y XVIII -- al igual que para gran parte de la América hispanófona y lusófona -- son los de los jesuitas, la mayoría de los cuales quedó lamentablemente dispersos tras su expulsión de los territorios españoles en 1767. (Para los lectores de California: dicha expulsión provocó un vacío de poder que permitió a los franciscanos acompañar a los soldados españoles y fundar, a partir de 1769, 21 abusivas misiones en Alta California.) Estos registros adoptan diversas formas. Para un lingüista, los más relevantes son sus vocabularios y artes de gramática. No obstante, no son los únicos documentos de interés para la lingüística. También es posible hallar datos lingüísticos en las cartas de los jesuitas, las cuales pueden contener, además, referencias a patrones de residencia e interacción, prácticas culturales, etc. Algunas de estas cartas se conservan en su forma (casi) original. Otras fueron publicadas, y hoy se desconoce el paradero de los originales. Otras, a su vez, aparecen citadas en otras. Con respecto a los datos lingüísticos, cuanto más antigua sea la versión de una carta, mejor: el proceso de copia puede resultar complejo y, si el copista desconoce lo que una palabra debería ser -- algo frecuente al transcribir palabras en lenguas indígenas -- muchos errores pueden ser introducidos (sin mencionar los fallos derivados de la incapacidad de representar con precisión los sonidos propios de lenguas indígenas). Por tanto, sobra decir que lo ideal es examinar el manuscrito original en lugar de una versión impresa.
En este post quiero analizar una carta escrita por el P. Lucas de la Cueva (1606-1672), fechada el 25 de octubre de 1640. La versión a la que tengo acceso es el MS 198 de la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit en Quito. El título es "Relacion de la Mision delos Maynas que embiaron los Padres Gaspar Cugia y Lucas de la Cueba al Padre Provincial Gaspar Sobrino," pero lleva la firma de Sobrino, lo cual sugiere que fue copiado por él o por algún subordinado suyo. Asimismo, Cueva se refiere a su supuesto coautor en tercera persona, lo cual da a entender que él es el único autor. Más tarde, en 1661, el P. Francisco de Figueroa, en una larga historia de esta región de Maynas ya publicada, la cual abarca desde 1638 hasta ese año, cita otras dos cartas de Cueva. Estas datan de 1638 y 1643 y abordan la fundación de la misión de los Jeberos en territorio shiwilu, así como un "alzamiento" ocurrido allí (suceso del cual Figueroa no fue testigo, ya que llegó a las misiones en la primavera de 1642, en plena epidemia de viruela, y se encontraba destinado en otro lugar). Si bien el texto de Figueroa de 1661 es el más detallado, la información que los autores jesuitas ofrecen sobre los pueblos locales y sus lenguas resulta a menudo fragmentaria o aleatoria, lo que confiere importancia a cada una de sus cartas. Dado que Figueroa no incluyó citas de la carta de Cueva de 1640, su contenido es menos conocido (aunque algunos aspectos son mencionados por Francismar Alex Lopes de Carvalho en su excelente libro de 2023, Missionizing on the Edge).
El objetivo principal de Cueva en su carta era convencer a sus superiores que enviaran más misioneros a Maynas. Se centra en los sucesos ocurridos en los territorios de los kandozis (mainas), shiwilus (xeveros) y kukamas (cocamas), aunque también se mencionan otros grupos. La carta contiene información relevante sobre topónimos, la distribución de los grupos étnicos y las redes comerciales. Algunos de estos datos, hasta donde sé, no aparecen en ninguna otra fuente. Cabe destacar que Cueva proporciona un topónimo en kukama para el río Ucayali. A continuación, analizo otros pasajes de interés, siguiendo más o menos el orden en que el autor los aborda.
Al referirse a la llegada a la localidad colonial de Borja, Cueva menciona varios "saltos" a lo largo del río Marañón aguas arriba del bien conocido Pongo denominados (tal como aparecen en el manuscrito) Cūbanama, Cumbaga y Maracayo. En otros casos, se emplea un macrón sobre la vocal para indicar una consonante nasal en posición de coda (e.g., <cō> 'con'). El uso de la letra <b> sugiere una sonorización tras una nasal. Tal como señalan Rojas Berscia y Ghavami en su artículo de 2015 Teonimia en el alto Amazonas: El caso de Kanpunama (sic; discrepo del análisis lingüístico allí expuesto), Cumpanama es una figura asimilable a un Creador para muchos grupos de esta región. Es probable que Cumpaga contenga el formativo -aga presente en numerosos hidrónimos de aquella época (e.g., Faruaga y Amapiaga, denominaciones antiguas de los ríos Pastaza y Huallaga, respectivamente), el cual podría estar relacionado con ága 'espacio despejado para una casa' en awajún (Overall 2017:185; Wipio Deicat et al. 1996:20). Quizás Cumpanama y Cumpaga compartan una misma raíz /kumpa/. (Por otra parte, -nama es un formativo frecuente en los nombres propios que aparecen en un censo de tabalosos, lamas y suchiches escrito en 1653 junto al río Mayo, al otro lado de las montañas hacia el suroeste, tema sobre el cual di una ponencia en Gante en marzo.)
Por otra parte, Cueva explica que tienen noticias de cuatro "numerosas naciones" en el río Huallaga, el cual desemboca en el Marañón aguas abajo. Cabe señalar aquí que, si bien los militares y colonos españoles conocían la cuenca del Marañón desde una fecha bastante anterior, el Huallaga aún no había sido colonizado. Los jesuitas habían entrado en él apenas dos años antes, y probablemente solo en las zonas aguas abajo de la desembocadura del río Aipena, vía por la que se accede al corazón del territorio shiwilu, donde los jesuitas fundaron su primera misión. Estas cuatro naciones son, tal como aparecen en el manuscrito: churusinas, moniches, cutinanas y agunos o barbudos; sobre estos últimos, Cueva comenta que recibían tal apelativo a raíz de la expedición de Pedro de Orsúa, ocurrida unos 80 años atrás... Veintiún años más tarde, Figueroa llegó a entender que los churutinas (sic) eran un nombre alternativo para los coscobosoas, cuyo idioma sigue siendo un misterio (más pistas al respecto en un próximo post). Además llegó a entender que los aguanos (sic) y los barbudos eran pueblos distintos: describe claramente que los aguanos hablaban la misma lengua que los cutinanas que se habían ido a vivir con los shiwilus en Jeberos, lengua que probablemente era chamikuro (arawak; véase este post); del mismo modo, los barbudos hablaban la misma lengua que los grupos a los que él denomina chipeo, cheteo y capanagua del río Ucayali, así que claramente pano.
Cueva explica, además, que los shiwilus capturaban a muchachos de otros grupos para venderlos en Moyobamba, el asentamiento español más grande de la región, a cambio de hachas, cuchillos y machetes. Por su parte, los shiwilus trocaban con los kukamas del Ucayali, obteniendo canoas, capuces (término que, en otros contextos, hace clara referencia a cushmas) y camisas. A su vez, los kukamas trocaban bienes con los muniches para conseguir ampi, palabra quechua para el veneno utilizado en dardos y otras armas. Los muniches, a su vez, mantenían una relación "amistosa" con los tabalosos, quienes, según señala Cueva, habían sido evangelizados anteriormente por jesuitas enviados desde Lima.
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| Pasaje de una carta del P. Lucas de la Cueva, 25 de octubre de 1640 (MS 198, Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit) |
En aquella época, la población kukama estaba dividida en dos. La gran mayoría de los kukamas vivía en el Ucayali; a este grupo se le solía denominar "La Gran Cocama." Cueva describe cómo, durante la temporada de lluvias, decenas de canoas kukamas llegaban desde el Ucayali, utilizando "La Pequeña" -- que contaba con apenas 60 habitantes -- a modo de "colonia" para abastecerse. (No es un trayecto fluvial corto; véase el mapa en el mismo post. No obstante, los kukamas aprovechaban vías de paso que se abrían con la crecida de las aguas.) Resulta lógico interpretar esta colonia como un medio para obtener un acceso estable a las herramientas de metal que los shiwilus adquirían de los españoles. La descripción que hace Cueva de la ruta seguida por los kukamas es la siguiente (en ortografía moderna), en la cual además señala que, en su lengua, al Ucayali lo llaman Pucayare.
A estos rescates para llevar herramientas y hacer matanzas para llevar cabezas con que celebrar sus borracheras, suben todos los años cuarenta canoas más y menos de la Gran Cocama en tiempo de las mayores crecientes con que el río Marañón inunda toda la tierra y con esta ocasión se aprovechan de unas travesías o varaderos, y desde su río que llaman ellos Pucayare, hoy se entiende es de los Andes del Cusco, hasta el de Huallaga, donde se rescatan, no vienen por el Marañón, así por ser grandes sus vueltas y demasiado rodeo como por estar todo el inficionado de muchas naciones enemigas.
Yo nunca he encontrado un nombre kukama para el Ucayali, ni tampoco he hallado Pucayare en ningún otro lugar del registro documental. Parecería tener una etimología kukama basada en puka 'charapa' (especie de tortuga). De hecho, los kukamas y los omaguas, pueblo emparentado con ellos, eran conocidos por mantener grandes poblaciones de tortugas. Sin embargo, no me queda claro a qué podría corresponder el hipotético sufijo -yari. Gracias al mapa del P. Samuel Fritz del año 1691, sabemos que, al menos entre los omaguas, los hidrónimos se formaban de la misma manera que los nombres de los asentamientos, mediante el sufijo -te. (Di una ponencia sobre este tema en Leticia en 2023.) La raíz a la que se añade -te hacía referencia a una planta o animal que abundaba en el lugar. En este sentido, puka constituiría una base plausible.
Resulta muy tentador considerar Pucayare como el origen de Ucayali, con cierta confusión acerca del segmento inicial. Sin embargo, tal como señala Figueroa citando a Cueva, quien escribió en 1638, dos años antes de la carta objeto de este análisis, este último ya empleaba ucayali en sus escritos. Por ejemplo, menciona a los "enemigos bárbaros ucayalís de la Gran Cocama" (al parecer, con acento en el original) o a los "ucayalis cocamas." (Cito aquí la versión publicada por el IIAP y el CETA en Iquitos en 1986.) Estos dos casos podrían sugerir que ucayali funcionaba más bien como un etnónimo. No obstante, en una tercera mención, el término hace referencia claramente al río: "...no havian salido de Ucayali, y quando uviessen salido no bendrian ni se acercarian al Marañon, Apena..." Cabe señalar que, en su carta de 1640, Cueva no utiliza ucayali, pero solo menciona el río una vez. Quizás la <P> sea un error en la carta de 1640, pero el escribano no parece ser ambiguo. Estas hipótesis requieren una mayor corroboración mediante el registro documental.
Por último, la carta incluye otros pormenores lingüísticos: un hombre kandozi llamado Tabichichuma (mencionado también en 1638); una palabra shiwilu papané 'demonio, español' (la cual Carvalho, basándose en una versión distinta del manuscrito preservada en el Archivum Romanum Societatis Iesu, transcribió como papené); y un hombre o un lugar temido por los kukamas llamado Anariba (debido a partes faltantes en la página, no queda claro de qué se trata), sin una etimología obvia. Veamos si la otra versión de este manuscrito arroja algo de luz sobre alguna de estas cuestiones.

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